Muchos
jóvenes cristianos han querido ser luz en la sombra intentando caminar por las oscuras sendas seculares de la música pop, rock o cualquier otro estilo contemporáneo. Pero
el mayor problema con el que se encuentran algunos de estos creyentes es la cultura de gueto de sus propias iglesias y el entorno religioso más próximo.
Bandas
y solistas cristianos han sido desanimados por hermanos en la fe en su intención de actuar con frecuencia en ambientes seculares.
Se les dice que sólo deben estar allí para predicar a los perdidos y para poco, muy poco más. Vemos, que se les insta a que, más que luz en la sombra, sean estrellas
fugaces de esas de las que es imposible saborear su huidizo rastro entre tanta frialdad noctámbula.
Ante
esta persecución interna, el desánimo viene, por lo que estos grupos, en principio llamados a alcanzar el mundo para Cristo, acaban tocando en ambientes donde la audiencia
se compone casi exclusivamente por cristianos que ya han asumido de antemano los retos que se propugnan con energía y radicalidad
desde el escenario.
Hace
pocos años, un conocido cantante cristiano cantaba ante unas 9.000 personas en Madrid. En uno de sus comentarios al público,
el artista comentaba (en alusión a las consecuencias del festival de alabanza que él dirigía): “El titular de hoy
en el periódico del Infierno es: Gran Derrota en Madrid”. De inmediato, el auditorio se puso a dar voces de celebración
y de identificación con el mensaje. Pero cuando salimos fuera, me dio la impresión de que nada o muy poco había cambiado en
el entorno capitalino.
En
la urbe seguían los mismos comentarios de siempre, las mismas frustraciones, el mismo consumo de drogas (aunque dicen que
aumenta), el mismo desconocimiento del Jesús
de los evangelios, los mismos antros llenos, el mismo rechazo hacia la Iglesia, las mismas escasas conversiones y los mismos
cristianos, que caminábamos raudos hacia casa porque al día siguiente había que ir al culto.
No
es que no crea en que la mano de Dios se mueve en la música gospel; no es eso. Pero a menudo, como víctimas de la sociedad
del hedonismo que somos, usamos extrañas espiritualizaciones para omitir carencias y comodidades paganas. Por desgracia, rehuímos con facilidad el esfuerzo que supone establecer
nuestras comunidades y actividades entre la basura, y no en monasterios de ocio que nos eviten contaminarnos con el mundo.
Queremos
estar tan alejados del mundo que algunos nos hemos convertido en auténticos alienígenas provenientes del microplaneta cristiano, ese que resulta relativamente atractivo
a nivel privado e irrelevante a nivel social.
Jesús
pidió al Padre: “No ruego que los quites del mundo… Como tú me enviaste al mundo, así yo los he enviado al
mundo” (Juan 17, 15 y 18). ¿Cómo envió a Jesús el Padre? Pues en medio de la calle, sin aislamientos de sinagoga,
sino revestido de poder y apoyo de los suyos para enfrentarse al mal mirándolo a los ojos, retándolo, denunciándolo y abrazándolo para perdonarlo si era necesario.
En otra ocasión, y como creador que es, Jesús recurre
a la metáfora escenificada para decirnos que somos “la luz del mundo” y que “una ciudad asentada
sobre un monte no se puede esconder. Ni se enciende una luz y se pone debajo de un almud, sino sobre el candelero” (Mateo
5, 14-15).
Me
pregunto qué pensaría hoy el Maestro si se pasease entre nosotros y nos contemplara en escenarios seguros llamando al arrepentimiento
a los arrepentidos, dialogando con los convencidos y proclamando cánticos de guerra con quienes salen poco a batallar. Y es
evidente que las comunidades cristianas deben ser lugar de comunión y refrigerio en el que los artistas tengan su lugar de recogimiento e, incluso, su propio espacio para
recibir un apoyo espiritual especializado; pero de ahí a apenas salir del refugio hay un trecho, un abismo.
Me anima ver que existen otros artistas
cristianos que quieren luchar y sufrir por impactar de frente al mundo sin ser del mundo. Me anima el ver que existen quienes
han entendido que Dios amó a todo el mundo y que todavía existen rebeldes que no renuncian al arte evangélico…, al evangelizador,
quería decir. Merecen nuestro apoyo.